Katherina:
Me senté al lado de esa mujer que era mi madre, una madre que llevaba toda mi vida buscando. Llevaba una túnica de la antigua Grecia de color blanco, una corona de laureles en la cabeza y con el pelo todo despeinado y revoltoso que a la vez le quedaba genial. Sus ojos desprendían fuerza y mucha sabiduría. Tenía tantas preguntas que no sabía cómo empezar. Seguro que ella me estaría leyendo la mente y sabría algunas y ya estaría pensando en cómo contestármelas.
-Pregunta.-me miró deseosa de contestarme cada una de mis preguntas. Disfrutaba hablando y explicando.-
-¿Qué pasó en el bosque? ¿Quién ganó? ¿Por qué Dimitry está así y tú no tienes rasguños? Vi como caías al suelo madre.
-Verás,-sonrió mirando al fuego que calentaba la sala y me miró continuando su explicación.- como dice la gente o al menos decían “Atenea siempre tiene un plan”, hija mía lo del suelo no era más que una estrategia para ganar a Poseidón que evidentemente gané.-sonrió con orgullo y seguridad de sí misma.- Dimitry está así porque me ayudó a ganar a su propio padre pero Poseidón se cabreó tanto con él que prácticamente la pelea que teníamos los dos se vio más enfocada a Dimitry que a mí. Sufrió mucho más que yo la ira de su padre. La explicación más sencilla que hay para la que no tengo rasguños es que al ser Diosa me curo más rápido que tú o cualquier mortal además contamos con grandes dioses menores que nos ayudan cuando tenemos altercados de este tipo.-Ella hablaba y yo escuchaba. Me daba cuenta que cada palabra que decía tenía sabiduría. Se mantenía rígida en su asiento y con las manos en sus muslos, como si no quisiera perder las formas al explicármelo o simplemente quería ser educada en presencia de alguien, incluso aunque ese alguien fuese su hija, y comportarse de forma incorrecta cuando estuviera sola.-
-¿Por qué te enamoraste de papa? Ya sabes cómo es ahora, no entiendo como fuiste capaz.
-Tu padre no era así antes. Él era muy guapo y muy inteligente. Un día empezó a interesarse por nosotros y Zeus me mandó para que me presentará ante él, y todo porque empezó a rezarnos, si hija mía, era el primer mortal que volvía a rezarnos desde que “desaparecimos”. Cuando me presenté ante él… solo pude fijarme en su forma de ser, su rostro, su inteligencia… en fin, en todo. Nos enamoramos y te tuvimos a ti. Un día tuve que volver al Olimpo por unos asuntos y posiblemente Zeus ya no me dejaría volver a la tierra. El primer mes que estuvimos separados me rezaba todas las noches y yo le contestaba a los rezos con objetos , letras en libros o cualquier otra cosa semejante. Hasta que un día no pude seguir contestándole a los rezos, Zeus me lo prohibía, no me preguntes el por qué, porque no lo sé. Él estuvo en depresión y empezó a beber y descuidarse. Y tú como tenías tanta inteligencia te criaste sola, por así decirlo.-Cuando me contó esto pude ver un brillo de añoranza y de amor en sus ojos. Yo seguía escuchando sus palabras atenta.-
-Entonces, ¿soy superdotada? –simplemente se echó a reír-
-Nunca nadie de mis hijos lo había visto así pero sí.-Siguió riéndose-
-¿Hijos? ¿Has tenido más? Pero... ¿cómo? tú eres… ya sabes
-¿Virgen? Sí, lo era.-sonrió mirándome orgullosa-
-No… no entiendo madre.
- Mis otros hijos nacieron del mismo modo que yo nací de mi padre, Zeus.
-Sí pero ellos eran semidioses tu eres una diosa
- Con mis poderes divinos junté mi inteligencia y la moral del padre de mis hijos. ¿Te acuerdas de cómo nací de la cabeza de Zeus? Zeus estuvo con Metis y cuando Zeus se enteró que podría tener algún hijo que le destronará o le quitaría del poder, se tragó a Metis pero ya era tarde. Un día Zeus estaba por la costa y le empezó a doler la cabeza tanto que empezó a gritar de dolor. Llamó a Hermes y este trajo su cuña y su mazo para abrir una brecha en el cráneo de Zeus, después yo salí de su cabeza completamente armada. Bueno pues con los padres de mis hijos no me los comí pero si juntamos lo que te he dicho antes y para tenerlos, me abrí la cabeza. Pero contigo fue diferente. Como ya sabes, Apolo normalmente es el que nos da las profecías y entonces un día, en una reunión de los dioses, dijo una profecía de la que yo entendí que la próxima generación de Semidioses sería la más fuerte de todas y que serían los que se mereciesen la eternidad ofrecida por nosotros. Entonces como sus profecías nunca fallan hablé con Artemisa y decidimos que esta vez nuestro próximo hijo sería a la manera tradicional. Sentía que merecía la pena romper mi juramento de virginidad eterna para tenerte a ti y Artemisa pensó lo mismo. Para mí de la forma en que mis hijos nacían de mi cabeza no me parecía “natural” de alguna manera llamarlo, nunca me gustó eso pero tampoco me gustaba ser como las demás, sinceramente, salvo Hera que siempre se mantenía fiel a su esposo Zeus, Ainhoa es la primera hija de Hera en un montón de años. Si tú ibas a ser la más fuerte de todos los hijos que he tenido quería que nacieras de mí de la misma forma que las demás. Las hijas y los hijos de Artemisa normalmente nacían de la esencia de vida de Artemisa y de la esencia de vida del padre. No sé como salían pero salían los críos. Hija mía, nacida así siento que formas parte de mí, mis otros hijos e hijas… formaban parte de mí sí pero yo no lo sentía de esa manera.
-Madre.-La abracé. Me sentía culpable por haber sido la causante de su incumplimiento de juramento que casi lloraba. Pero me sentía feliz porque había hecho eso para sentir que era parte de ella.-
-No eres culpable.-Me susurraba en el oído mientras me mecía en sus brazos.-
-¿Cómo leéis la mente?-cerré los ojos y posé la cabeza en sus muslos.-
-Es algo que podemos solo hacer con nuestros hijos o con algún semidiós si nos esforzamos. El problema que yo nunca he podido saber que han pensado mis hijos porque jamás sentía que eran parte de mí y para poder escuchar el pensamiento hay que sentir eso.
Estuve callada durante mucho tiempo. Permanecimos las dos calladas, abrazadas y sonrientes. Me encantaba poder estar por fin con ella. Nunca pensé que podría llegar a ser tan dulce y tan pacífica. En el bosque parecía cruel y despiadada.
-Cariño, tenemos reunión dentro de cinco minutos, ¿queréis venir?
-¡Pues claro¡
-Genial-me sonrió-
***
Por fin estábamos los doce semidioses en la misma sala que nuestros padres. Menos Zeus. Zeus no estaba.
-¿Por qué no me sorprende?-dijo Hefesto impaciente por su retraso-
Poseidón se mantenía serio mirando al frente sin llegar a mirar fijamente a Afrodita que la tenía delante.
-Sabes que a él no le gusta sus propios hijos-le aclaró Deméter-
-Que no los tenga-dijo Ares-
Por fin pude ver a Ares. Era diferente de cómo lo veía en sueños. Aunque seguía manteniendo esa mirada de furia y de odio. Pero no tenía esa sonrisa malévola en sus labios.
-Zeus siempre tendrá hijos-dijo Afrodita-
-Pues que no los odia, son su responsabilidad, al igual que nuestros hijos para nosotros.-repuso Artemisa-
-Callaos ya, estáis hablando de alguien que merece más respeto que ninguno.-Por fin habló Poseidón y me sorprendió bastante, siempre había leído que se habían peleado varias veces y que saliera en su defensa me sorprendió-
-Todos merecemos el mismo respeto que él, tenía entendido que le odiabas-comentó mi madre erguida en el asiento manteniendo la compostura-
Poseidón le lanzó una mirada cargada de furia y de desafío.
-No te metas en donde no te llaman-la espetó-
-Oh claro, subordinado tío.
-Por favor, ya no empecemos-dijo Hera a los dos mirándoles seria-
Un rayo entró en la sala y en un milisegundo teníamos ante nosotros sentado en su trono a un hombre alto con los ojos llenos de fuerza y azules eléctricos como Alexander. Estaba serio y resaltaba a la vista que era él el que mandaba. Zeus nos miró a los 23 presentes de la sala y miró a Alexander.
-Disculpar todos y todas, estaba zanjando unos asuntillos.-y sonrió a Alexander con complicidad. Alexander le sonrió también.-Adelante, decir por lo que habéis venido aquí.
Los trece nos miramos eligiendo a alguien que hablará por todos. Tendría que ser Alexander pero no quiso, quería que alguien fuese por una vez el centro de atención y que no fuese él. Todos tenían miedo a hablar y decir algo equivocado así que, me tocó a mí.
-Señor, supongo que ya habréis oído lo que vuestro hermano Hades quiere hacer utilizando a su hijo Sam. Hemos pensado que podríamos ayudaros a vosotros para pararlos. Los encontramos y listo.-Me adelanté dos pasos hacia delante-
-No es tan sencillo Katherina, hija de Atenea. No se puede atrapar a alguien que vive bajo la tierra. Con mucho gusto aceptaré vuestra ayuda pero para ayudarnos tenéis que encontrar antes que Samuel lo que necesitan para abrir la prisión de Cronos. Necesitan algo que no aparece en ningún libro que hay en la tierra sobre nosotros. Las cuatro piedras elementales. En realidad no son piedras, son esferas y cada una contiene un elemento, tierra, aire, fuego y agua. Si conseguís eso estaréis evitando que liberen a los titanes y evidentemente no voy a decir de que manera es para liberarlos. Ir a la tierra y buscar a la única persona que lo sabe. Lo conocéis, por lo menos tú y Ruth. Podéis quedaros en el Olimpo una sola noche. Suerte.-Nos sonrió y desapareció-
***
Entré en un cuarto de los muchos que había en el templo de mi madre. Tenía las paredes de color rojo grisáceos y todo lleno de estanterías con libros. La cama era bastante grande y con sábanas de seda azules claritas casi blanco con una mesita de noche a cada lado. En una esquina de un cuarto había una estantería para armas. Claramente vacía.
-Sí, está vacía por eso quiero darte esto. Tu primera arma de verdad.
Me sobresalté, no esperaba que nadie entrase en el cuarto y mucho menos mi madre. Me giré y vi lo que tenía en sus manos. Era una espada pero la espada que ya me habría prestado en el bosque o cuando se presentó Hefesto en la casa de Cole. Era aún más larga y la empuñadura era más grande. Saltaba a la vista que estaba hecha de plata y bronce celestial y en la empuñadura había rubíes igual que mi madre pero los míos tenían otra forma, tenían forma de una K rodeada con un lazo rojo.
-Gracias madre-sonreí-
-De nada, hija,-se sentó en la cama y hizo un gesto para que me sentará yo también- antes cuando hemos hablado no me has dejado que yo te pregunte a ti.
-Adelante, ahora es el momento de decirlo,-me senté y dejé la espada a nuestro lado.-
-¿Estás segura que es Dimitry con el que quieres estar? –Me preguntó mirándome a los ojos directamente, apenaba por esa idea.-
No sabía que contestar, sí estaba segura pero el tiempo que había pasado con Cole… me ha cambiado. Había algo dentro de mí que no encaja. Quiero a Dimitry pero Cole me producía las mismas emociones que me producía Dimitry. No podía querer a los dos, había alguno que me confundía. Ahora ya no estaba segura. Hecha un lío me eché para atrás en la cama y suspiré.
-Hija, he mirado por tus recuerdos y te aseguro que no sientes lo mismo por los dos-me dijo segura y mirándome-
-¿Entonces? ¿A quién quiero madre?-la miré con los ojos llenos de lágrimas. Estar confundida en algo que no sé del todo me da tanta rabia que no me costaba contener las lágrimas.-
-Eso es algo a lo que no puedo contestarte,-me acercó a ella y me abrazó con fuerza.-es algo que debes averiguar tu sola.-sonrió y me dio un beso en la cabeza.-
-Madre,-la miré mientras dejaba que me rodeada con sus brazos.- te quiero.-sonrió-
-Y yo a ti.-Me sonrió y me abrazo con más fuerza y cariño.-
Sentía tanto dolor por Dimitry… ¿cómo podía estar tan confundida en si le quería o no? Él sufría por mí. Tengo miedo al dolor que pueda sentir en un lejano futuro, tanto sentimental como físico. Conseguir Las Cuatro Piedras Elementales no sería fácil y mucho menos si pienso en cosas que no debo pensar. Me dolía el pecho con solo pensar en lo que Poseidón hizo que me doliera tanto el cuerpo. Me dolía porque hacía daño a Dimitry con mis confusiones. No quería dejarle otra vez pero si a quien quiero es a Cole… No quiero hacer daño a nadie ni sentir este dolor que siento agarrado a mi corazón por este sentimiento. ¿Algún día sabré del todo a quién quiero?
Escrito por:Dyslar

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