Katherina:
Así estuvimos bastantes minutos. Ella consolándome y yo llorando desconsolada. Era evidente que no aguantaba más y quería que todo esto acabase. La verdad que mi anterior vida no es que haya sido de lo más espectacular pero si menos ajetreada que está, menos importante y mucho menos estresante. En mi antigua vida no tenía que estar continuamente pensando en lo que hacer para que cierto dios y semidiós no acaben con el reinado de los dioses del Olimpo. Dicen que somos la generación más fuerte y la más importante. Yo sigo esperando algo que me haga pensar eso. Y también estaba mi dilema amoroso, Cole o Dimitry. Dos sensaciones diferentes invadían mi corazón cada vez que les veía pero no conseguía saber cuál era la sensación que más destaca.
-Ruth, ¿Es posible que me gusten dos personas?-la pregunté y deseé que dijera que si, para poder pensar que los quería a los dos.-
-Por desgracia, no. Kath, sé que es duro pero hay uno que quieres más que el otro, siempre es así. –Me lo dijo completamente segura de su respuesta y nos seguimos abrazando.- Deberíamos dormir y así tú te podrías aclarar las ideas.
-Sí, tienes razón. Gracias Ruth, para mí eres muy importante.
Me dio un beso en la cabeza, como si se tratase de una hermana o de una madre, y me dirigí al templo de mi madre desde el edificio principal. Estaba todo oscuro y no se veía casi nada pero me las apañé bien para bajar un poco la colina y poder distinguir bien el templo. Cuando pasé por el templo tres que es el correspondiente al de Poseidón no pude evitar ser un poco cotilla y miré dentro de la puerta entreabierta. Se escucharon gritos así que era normal que mirase. Mi madre y Poseidón discutían. Como de costumbre.
-Mira, no sé tú pero a mí me importa mi hija y quiero que le deshagas el moratón que tiene en la pierna. Cada día está peor y no mejora y estoy completamente segura que tú tienes la cura.-Se la veía más tensa de lo normal y más seria pero sus ojos rojos grisáceos estaban aún más rojos, eso me asustaba.-
-¿Crees que mi hijo no me importa? Te equivocas Atenea, ese moratón se lo hice por hacerle daño a mí hijo, se separó del grupo y mi hijo sufrió y dirás “oh por los dioses que cruel eres” pues sí, pero ante todo soy vengativo y me vengué por el dolor de mi hijo. Es más, él sufre porque tu absurda hija no se decide.- Le contestó Poseidón y yo no pude evitar sentirme culpable.-
Me alejé de ese lugar, supongo que seguirían toda la noche discutiendo. Yo solo quería tumbarme en la cama y pensar o dormir. Finalmente llegué al templo de Atenea y subí al cuarto que me correspondía. Miré la cama y encima había una carta rodeada con un lazo rojo y con un papel dorado. La cogí y la abrí.
“Hola, querida Katherina. No sabes quién soy pero pronto lo sabrás. Te escribo esta carta para que te des cuenta de que estar con los dioses no te favorece. Piénsalo. Encima os han mandado una misión de conseguir unas piedras que pueden conseguir ellos mismos. Katherina si ayudas a Hades y Samuel en liberar a los Titanes conseguirás todo lo que te plantes. No harás el trabajo de otros y mucho menos tendrás que hacer lo que te obliguen, con los Titanes tendrás todo lo que desees, harás todo lo que quieras y tendrás incluso el calor y cariño de una madre que nunca has tenido. Sí, Atenea ahora está contigo pero ¿Por cuánto tiempo? En cuanto termines la misión y detengas a Hades y Samuel volverá a mandarte a la Tierra, con ese padre horrible y seguirá ignorándote para el resto de tu vida tal y como lo había hecho hasta ahora. ¿Qué casualidad no? Te demuestra que eres su hija solo cuando te necesita. No te dejes engañar querida y libera a los Titanes. Es tu mejor salida y la única forma de vengarte de una madre que jamás se ha preocupado por ti, de unos dioses egoístas y crueles y sobretodo de un dios que te ha podido marcar de por vida. Seamos sinceras, tú única opción de ser feliz es probando algo diferente a los Dioses, los Titanes. Hay un detalle más que quiero mencionar, sabemos la cura para el maratón que Poseidón no quiere curarte. Piénsatelo Katherina, jamás obtendrás una oferta como esta. Nos veremos más pronto de lo que piensas.
Un gran abrazo y un dulce beso.
Gaia”
Lo que decía aquella carta, en parte, era verdad. Mi madre empezó a preocuparse por mí desde que decidí parar a Hades y Sam. Es posible que solo le importe por propio interés. La verdad que me gustaría vengarme de Poseidón por haberme hecho daño en el lago y por negarse a curarme el moratón. Me miré la pierna y el moratón empezó a pasar de morado a negro. Al andar o al hacer algún que otro movimiento me dolía horriblemente. Quería que Poseidón cayese al Tártaro de por vida. Quería que mi madre desapareciese de mi vida por jamás haberme ido a visitar o darme alguna cosa que me indicara que ella estaba ahí, cuidándome. También la odiaba en cierto sentido por no dejarme estar con Dimitry. El otro día la pregunté si le parecía bien el que yo escogiera a Dimitry y me dijo que no, que lo más seguro que me estuviera confundiendo. Respecto a los demás quería que sufrieran la misma suerte que los Titanes. Nos utilizaban para lo que quisieran. Éramos sus muñecos particulares. Los únicos que me importaban eran Hefesto, que me ayudaba siempre que se lo pedía y me ha enseñado todo lo que ahora sé sobre la lucha, y Ruth porque se había comportado como una hermana para mí y que intentaba ayudarme a decidir a quién quiero. Intentaría todo para que ellos sufrieran lo menos posible. Volví a mirar aquella carta con esa letra antigua y desordenada pero era preciosa y muy llamativa. Me fijé en quien lo firmaba. Gaia. Por alguna razón ese nombre me sonaba. Si no recuerdo mal, Gaia era el otro nombre de Gea. ¿Gea estaba suelta? Vaya, siempre me la había imaginado en un sentido espiritual, nunca pensé que podría ser en un sentido físico como los Dioses. Después de todo, Hades estaba consiguiendo a todos los Titanes.
Cogí el lazo rojo y lo envolví en la carta. Guardé la carta debajo del colchón. Cerré los ojos y el sueño me venció.
Estaba al borde de una especie de acantilado. En el fondo solo había rocas afiladas. Miré al frente y lo que vi me encantó de una manera espectacular. Era como el monte Olimpo pero mucho más brillante y mucho más grande. Anduve por calles que me recordaban al Olimpo por sus columnas griegas. ¿Qué lugar era aquel? Solo andaba maravillada por esas cosas. Dentro de mí persistía una sensación de pánico y horror, como si aquel sitio estuviera hecho de maldad pura. Llegué a unas escaleras que subían al edificio más alto. Delante de mí se encontraba una mujer con una túnica griega negra, cosa que me extraño ya que siempre había visto túnicas griegas blancas o de otros colores claros, su pelo marrón claro recogido en un moño por el que le caía algún pequeño rizo. Me sonrió y se fue acercando a mí hasta situarse delante de mí y entonces me fijé en su mirada. Una mirada llena de fuerza y vitalidad que jamás había visto en mi vida, un color marrón casi negro y de golpe y porrazo me abrazó.
-Cuanto me alegro que estés aquí. –me dijo al oído y entonces comprendí de quien se trataba. Gaia.- ¿Decidiste si venir con nosotros?
-Necesito pensar aún un poco más, estamos hablando de traicionar a los dioses y si lo hago y sale mal… puedo darme por muerta. ¿Cómo es que estas libre?
-Bueno, Hades siempre me tuvo mucho aprecio ¿sabes? Así que me liberó la primera. Katherina, yo solo quiero que seas feliz. Y quiero que seas feliz conmigo.- Me fue guiando hasta dentro de aquel edificio de columnas mates y me llevó a una gran sala.-
-Pero señora, yo no puedo decidir así de golpe.-Dije mirando todo-
-Lo sé por eso te doy tiempo. Sabes que aquí siempre tendrías todo lo que querías. Te podrías vengar. Y sabes que Cronos te compensaría con algo bueno. Ahora el mismo se encuentra en un estado un tanto inaccesible. –Señaló el sarcófago que había al final de la sala.-
-Lo habéis recuperado. –Dije completamente alucinada-
-En realidad es solo un sueño y esto no existe, por lo menos de momento. El sarcófago si lo tenemos, escondido. Ahora mismo te encuentras en el Monte Othrys. –Sonrió-
-Vaya, Gaia, me lo pensaré, de verdad.-Sonreí y me esforcé por sonar lo más sincera posible.-
-Antes de que te vayas quisiera darte algo como muestra de que somos buenos contigo.-En sus manos brilló una luz intensa marrón y de ella brotó un collar formado por seis perlas , tres rojas y tres azules y cada tres en una lado, con dos dragones que se unen en una gran piedra preciosa negra de las que tiran otra perla azul y otra perla roja y de la que sale otra más pequeña y negra.-Esto es para ti. He oído que tus colores preferidos eran esos dos.
-Muchas gracias Gaia-Lo cogí y me lo puse en el cuello, me miré en un espejo y sonreí. Era precioso.-
-Nosotros te dejaremos por libre y jamás te haremos daño. Recuerda que a partir de ahora, me tendrás a mí como madre.-me abrazó y me susurró al oído.- Te lo prometo.-Me dio un beso en la frente y me desperté.-
Al abrir los ojos la luz de la mañana me cegaba. Me miré el cuello y efectivamente tenía ese collar. Me vestí con algo para taparme ese collar del que no quería quitarme. ¿Sería Gaia mejor madre que Atenea? No sé, todo estaba por verse. Bajé al campo de entrenamiento y ahí estaba Luke.
-Hombre, hola Katherina.-Clavó su espada en el suelo y me sonrió.-
-Buenos días Luke.-Sonreí-
-Tienes ojeras ¿has dormido bien?-Me miró con preocupación.-
-Claro, no te preocupes.-dije –
-De acuerdo, Ruth te estaba buscando.-volvió a ponerse a entrenar-
Me fui a buscar a Ruth pero en ese instante delante de mí apareció un papel. Lo cogí y lo leí.
“ Sé lo que te traes entre manos con los Titanes. Sé lo del collar de Gaia. Sé todo. Anda con cuidado si no quieres ser descubierta y cuando averigües quien soy, ven a mí y negociaremos un trato para que no te delate.
Saludos.
Anónimo. Soy quien menos te lo esperas”
¿Quién se supone que era? ¿Estaría haciendo lo correcto? ¿Me pillarían? ¿Sería Gaia mejor madre que Atenea? Tantas preguntas sin respuestas….
Escrito por: Dyslar



No hay comentarios:
Publicar un comentario