Capítulo 15: El Latido de Gaia (Segunda Parte)

Katherina:


Decidí olvidar aquella nota puesto que dentro de unas pocas horas ya lo sabrían por mi ida con los titanes.
Caminé hasta donde estaba Ruth. La saludé y las dos nos sentamos en la hierba con una manta, hacía frío y bastante.

-¿Qué tal has dormido?-Me preguntó y yo recordé el sueño, pensé en todo los secretos que nos habíamos contado las dos y no pude ocultárselo, así que se lo conté.- Pero, Katherina, no, no puedes unirte a Gaia, es de locos, por favor no lo hagas, dime que no lo harás.

Suspiré.

-Sí, Ruth. Pronto me iré con Gaia, lo más seguro que cuando reconstruyan el Monte Othrys. Prométeme que no dirás nada.

-No te prometo nada.-La miré y ella estaba mirándome con pena.-Entiéndeme, no puedo prometer algo así si sé que puede ir mal para mi bando. Lo siento.

-No te preocupes lo comprendo.-Y nos abrazamos. Ella empezó a llorar, supongo que por mi decisión pero no la pregunté y nos abrazamos las dos.-

-Justo cuando encontramos La Piedra Elemental de la Tierra te vas, es increíble.-dijo Ruth un tanto molesta.-

-Espera, ¿qué? ¿Cuándo y dónde? –Me sobresalté, no me habían dicho nada.-

-Bueno no la tenemos pero si sabemos dónde está.-Se levantó y empezó a andar hacía la puerta por donde habíamos ido.-Vamos, nos esperan-Y echó a correr.-

-¿Quién?-Me levanté lo más rápido posible y empecé a correr detrás de ella.-

Cuando nos hubimos acercado lo suficiente a la puerta pude ver como nuestros amigos los semidioses estaban preparados aunque para mí, pronto se convertirían en enemigos, incluida Ruth. Nos detuvimos frente Alex.

-Chicas por fin. Según me ha dicho mi padre la puerta del Olimpo está conectada a todos los sitios del planeta pero para determinar el lugar tenemos que imaginarlo.-Nos dijo Alexander con un brillo de orgullo en sus ojos.-

-¿Qué se supone que tenemos que imaginar?-Preguntó Ruth con bastante curiosidad.-

-Un bosque, no sé el nombre pero tiene las hojas de todos los colores posibles. Evidentemente los humanos no lo ven.-Le contestó Dimitry y me dirigió una mirada de desprecio. Estaba empezando a pensar que quizás era él el de la nota, él que lo sabía.-

Todos asentimos y fuimos pasando uno en uno en fila por la puerta. Llegó mi turno y alcé la mano y la posé en la puerta, imaginé aquel lugar lo mejor posible. Cuando por fin lo tenía visualizado abrí las puertas y entré. Efectivamente Alex tenía razón.  Allí estaba aquel bosque y los demás semidioses. Me sorprendió ver a todos con armas y sobre todo a Carolina con un arco bastante bonito tallado en madera de encina.

-Muy bien, ¿por dónde empezamos?-Dijo Luke observando todo su alrededor.-

-Dispersaros.-Mandó Alex e inmediatamente todos se pusieron a caminar entre los árboles.-

Me disponía a andar cuando de repente una mano me rodeó el hombro. Me giré y ahí estaba Cole, con sus ojos dorados amarillentos, su pelo rubio y corto y su mirada tan llena de calidez. Ninguno de los dos dijimos nada. Yo quería hablar pero ninguno de mis músculos me respondía. Sin esperármelo, se acercó a mí y me besó. Mientras uníamos nuestros labios en un beso eterno y delicado pude notar cómo me transmitía la calidez que  él desprendía por mi interior. Cuando por fin nos dejamos de besar, se acercó a mi oído.

-Lo sé todo y no soy el único.-Me susurró y se me heló la sangre al oír aquello.-Disfruta de tu engaño Kathy.-Y se fue corriendo tan rápido que ni siquiera lo noté.-

Enseguida me adentré dentro del bosque, me fascinaban aquellas cosas, hojas negras, blancas, azules, de todos los colores. Era increíble como los humanos eran tan ingenuos a estas cosas. Mientras andaba y me fijaba en ver una cosa que no sabía qué aspecto tenía empezó a arderme el cuello violentamente. Sin pensármelo me saqué el collar y vi que estaba brillando con mucha intensidad. Noté unos pasos detrás de mí y me volví, estaba de frente con Gaia.

-No te preocupes por el collar, se activa para cuando hay titanes cerca, como yo. –Me informó y tocó el collar calmándolo.-

-Gaia, las piedras son para liberar a Urano y Cronos que fueron encerrados en otros sitios, ¿verdad?.-Pregunté-

-Efectivamente si hija. Yo quiero las piedras para liberarlos pero has de saber que no estoy con los titanes.-Me dijo mientras me daba un abrazo tan fuerte y tan maternal que nadie jamás me había dado.-

-¿Entonces?.-La miré y ella permaneció callada y pude ver como en su mirada había duda de si contármelo o no.- Entiendo…

-Oh, no me malinterpretes, es mejor así, ya lo sabrás.-Y se esfumó.-

En definitiva, Cole lo sabía y lo más seguro que Dimitry también. Pero seguro que se han corrido la voz de alguna forma lo que no sabía es cómo.

Seguía caminando y caminando y yo no encontraba nada. Sin darme cuenta algo saltó a mis espaldas y se movió con gran agilidad a mi delantera. Carolina.

-Kathy, Alex la tiene.-Me dijo muy risueña y entonces dirigió la mirada al collar. Mierda.- Eso es de los titanes. ¿Estás a su favor?-Me dijo a la defensiva y sacó su arco tan bonito y a la vez tan potente de poder, tensó la cuerda y de la nada salió una flecha con un brillo especial que casi podía decir que la flecha era de luz. Me estaba apuntando.-Nos has traicionado, no voy a permitir que sigas más, serás juzgada.

-¿Juzgada?.-Una calidez ya familiar apareció en mis manos, después de escasos segundos esa calidez se metamórfico en una espada, la espada que mi madre me regaló, con esas K en la empuñadura.-¿Cómo podrías juzgarme ante el Consejo Olímpico y el Consejo Semiolímpico sin  pruebas?.-Sonreía con malicia.-

Una luz muy brillante inundó nuestra zona del bosque tan fuerte que Carolina se vio obligada a bajar su arco para taparse los ojos con la mano, yo simplemente cerré los ojos mientras notaba esa calidez de la luz.
Cuando la luz cesó quedó a la vista un cuerpo, una silueta que al instante reconocí. Cole. Que oportuno, pensé.

-Cole, Kathy está con los titanes.-Se acercó a él y se pusieron a la paralela.-

Pude ver sus semejanzas. Los ojos dorados de Cole se fijaron en mí con más dureza de la que esperaba. Me besaba, me advertía y ahora me asesinaba con la mirada. No hay quien lo entienda.

-Losé.-Sin darme cuenta de su velocidad se abalanzó sobre mí tirándome al suelo y forzándome a estar quieta, me apretó el cuello con sus manos con rabia. No me quería, estaba claro.-

No era momento de pensar eso, estaban ahogándome y estaba paralizada sobre el suelo. Noté como una gran fuerza invadía mi cuerpo y saqué fuerzas suficientes para pegarle un puñetazo en la cara y debilitar la fuerza con la que apretaba mi cuello. Lo aparté de un manotazo y me levanté. Aferré mi espada con fuerza y me disponía a clavársela en el pecho cuando noté una oleada de aire a mi espalda, miré de reojo y sin saber cómo cogí en el aire una estrella de cinco puntas que me cortó la mano, miré a Carolina, ella me la había tirado, me giré y la miré fijamente. Esa fuerza que me invadió cuando Cole estaba ahogándome volvió a mí y perdí el control. Fui corriendo hacía a ella con furia y me abalancé sobre ella tirándola al suelo, aparté su arco.

-No, Carolina.-La voz de Cole sonaba débil y lejana.-

Carolina me miraba como un cervatillo asustado e indefenso. Sin tener control sobre mí, mi mano empezó a clavarla la estrella de cinco puntas por todo su cuerpo, oía sus gritos pero yo no paraba. La fuerza tenía control sobre mí, la clavaba la estrella una y otra vez, salpicándome cada vez más la cara de sangre pero no me importaba.  Carolina se puso pálida pero no le di importancia y se la clavé en el cuello. Ella no tenía fuerzas suficientes para gritar. Levanté la mano y mientras la bajaba, cerró sus ojos y dejo de forcejear y justo antes de tocarla se evaporó en polvos dorados que desaparecieron con el aire, finalmente clavé la estrella en la tierra.

Me levanté y miré a Cole. No estaba, se había ido. Ahora que la fuerza extraña había abandonado mi cuerpo, mi mente pensaba en ir a Alex y decirle todo. Me sentía fatal por lo que acaba de hacer. Quería gritar, llorar e incluso morirme. Había matado a Carolina. No merecía perdón alguno y yo lo sabía mejor que nadie. Sin darme cuenta estaba andando y llegué a un claro del bosque. Allí estaban Alexander y Ruth. Contemplando algo que tenían las manos de Alex. Deduje que era La Piedra Elemental de la Tierra. Me limpié la cara como pude y me acerqué a ellos. Los dos me miraron y sonrieron.

-Hola Kathy, mira.-Extendió las manos y me enseñó la piedra. Sinceramente no sé porque la llamaban piedras si no eran piedras.-

La cogí entre las manos y pude notar como desprendía una energía inmensa.

-Preciosa, ¿verdad?.-Comentó Ruth y Alex y yo sonreímos.-¿Qué?

-Nada, tú siempre igual.-La contestó Alex y los dos se sonrieron y se dieron un beso.-

Alex se separó de Ruth y miró mi cuello y por lo tanto el collar. Se puso furioso y el cielo retumbó en rayos.

-Así que lo que decía Dimitry era verdad, estás con ellos. ¡¿Cómo eres capaz?! ¡Confiaba en ti!.-Gritaba y gritaba pero ni siquiera Ruth conseguía calmarle.-Ruth, mantente al margen de esto.-Y Ruth asintió con tristeza y compasión y se hizo a un lado.-

Los dos emprendimos una luchar que a simple vista parecía interminable. Él con una espada confeccionada con rayos y yo con la espada que mi madre me dio a modo de primer regalo. Las espadas chocaban y saltaban chispas. Los dos nos movíamos rápido y hábilmente. Pero ninguno conseguía ganar al otro. Alex se cansaba y de vez en cuando me tiraba algún rayo que yo conseguía esquivar rodando.  Esto no tenía fin hasta que la misma fuerza y sensación que antes, que no reconocía de porque me invadía, ocupó mi lugar en la lucha y sin tener control de mis acciones empecé a darle con tanta fuerza que hasta yo misma me sorprendía. En una de estas le lancé al suelo de una estocada que chocó contra su espada impactándole. Puse mi espada en su pecho y Ruth intentó acercarse pero la miré y se quedó paralizada. Nuevamente dirigí toda  mi atención a Alex. Me tiraba rayos pero mi collar hacía que no los notase. Le pegué una patada en la cabeza que le dejo casi inconsciente. Estaba sin control e iba a acabar fatal. Peor de lo que me imaginaba. Elevé las manos hacía arriba con la espada, cerré los ojos y la empujé hacía abajo con fuerza y oí el sonido de un hueso siendo atravesado y partido en varias partes. Abrí los ojos y vi la sangre saliendo del pecho de Alex. Le había fragmentado el esternón. Él cerró los ojos y paso exactamente igual que con Carolina, desapareció en un polvo dorado. Cogí la piedra y me la guardé. Ruth se tiró al suelo llorando y gritando, la había dejado destrozada. La fuerza invasora me abandonó y sentí furia y dolor en mí. Derramé unas cuantas lágrimas y el cielo se tornó gris y furioso. Rayos y truenos solo se escuchaban acompañados con el llanto desconsolado de Ruth. En el Olimpo se habían enterado de las dos personas a las que había matado y Zeus no estaba nada contento. Cerré los ojos y me dejé caer al suelo de rodillas cerrando los ojos, intentando oprimir el llanto de intensa furia y rabia que amenazaba con salir de mí. Abrí los ojos y no estaba en el bosque. Era una sala de oro celestial y brillante. Sus columnas tenían inscripciones más antiguas que el propio griego antiguo.  Sus paredes estaban decoradas con signos de elementos o de cosas que no entendía. Mi collar brilló. La sala era inmensamente grande, me levanté y oí unos pasos que se dirigían hacia mí. El collar brilló más y más. Comprendí en donde estaba. En el Othrys. Por fin lo habían reconstruido.

Los pasos siguieron hasta situarse detrás de mí. Me giré y estaba Gaia, sonriente y deseosa de hablar.
-Es sorprendente, te has dejado llevar. Genial. Habrás podido observar que hemos terminado nuestro lugar.-Me sonrió.-

-Gaia, pero si tu no…-Me tapó la boca rápido. Me miró advirtiéndome de que no dijese nada. Me quitó la mano.-Creo que voy a irme a dormir.

Ella asintió y subí arriba. Sin saberlo mi cuerpo sabía a dónde tenía que dirigirme.  Entré dentro de un cuarto y cerré la puerta. La cama tenía sábanas negras y paredes pintadas del mismo color. Había un armario y un escritorio solamente de mobiliario. Era un cuarto de invitados.

Me dejé caer en la cama. Por los dioses, ¿qué es lo que estaba haciendo? No dejaba de sentirme destrozada, había traicionado a mi madre, mi mejor amiga y no podía volver atrás. Ya estaba hecho. Empecé a llorar desconsoladamente. Quería que esto acabase. Volver a lo de antes. Mi vida normal.  Me tiré horas y horas llorando sobre la almohada mientras un reluciente Sol acaba ocultándose y dejando a la vista el brillo plateado de la Luna.  Cuando mi llanto se volvió desgarrador noté como una mano acariciaba mi espalda y me tranquilizaba recordándome a la marea del mar. Calmé mi llanto y me di la vuelta para ver quién era el que se preocupaba por tranquilizarme. Me esperaba un titán pero mi collar no brilló. Abrí los ojos humedecidos en las lágrimas y en la oscuridad vi los ojos verdes océano de Dimitry. Dimitry estaba ahí a mi lado, consolándome, como si nada hubiese pasado.

-No digas nada. Lo que has hecho está fatal y Zeus te odia por matar a su hijo y a mí me duele que mataras a mi primo y él te castigará por ello cuando te pille y Atenea… Atenea es la peor enemiga que te has podido forjar. Te odia o eso dice pero en su interior está demacrada y destrozada por tu culpa pero a pesar de lo que has hecho, yo, te quiero  y no puedo sentirme peor viéndote así. Me da igual si tú quieres a Cole o me juego mi propia vida al estar cerca de ti por ser una traidora pero no permito que tú estés así.-Me abrazó y yo me aferré fuerte a él, llorando.-

Ya lo tenía claro. Lo que sentía con Dimitry no lo sentía con Cole. Seguridad y amor… puro amor me invadía por todo el cuerpo. Le quería no hay duda pero ya no puedo retomar todo lo que había hecho además seguía de parte de Gaia, tenía razón en todo lo que me dijo. Respecto a Atenea me daba igual ya lo que ella sintiera o dejase de sentir. Solo se había preocupado por mí cuando me necesitaba. Estaba así por matar a Carolina y Alex sin poder controlarme. Había perdido el control y yo no sabía por qué. Como si Dimitry me hubiese leído el pensamiento me apretó más contra él tarareando una dulce melodía.

-Dimitry.-Me aparté de él y le miré a los ojos. Él me sostuvo la mirada esperando mis palabras.- No quiero que te pase nada por mi culpa, no quiero seguir causando más daño, perdí el control y me arrepiento y espero no volver a perderlo y no hacer daño, por eso no quiero que te acerques a mí. No quiero que pagues cosas por mi culpa. Te quiero a ti y solo a ti. Por fin estoy convencida de ello y por eso si te pasase algo por mi culpa te juro que me muero.-Mis ojos no pudieron soportarlo más y derramaron otras cuantas lágrimas más.-

Él solo sonrió de tal forma que apenas lo percibí, también se sentía destrozado.  No dijo nada. Se acercó más y más, nuestros labios quedaron a unos milímetros, incluso notaba el aliento caliente de Dimitry y los dos nos besamos, una fuerte sensación preciosa y molesta al mismo tiempo invadió todo mi cuerpo. Le besaba y por fin con razón porque por fin sabía que es exactamente lo que quiero. A él. Cuando nuestros labios se despegaron, me sentí como si alguien me hubieran arrancado el alma, él, no se apartó y noté su aliento en mi oído.

-Katherina-Susurró con ternura y todo mi cuerpo se vio recorrido por un escalofrío.- Te amo.




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Escrito por: Dyslar

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