Katherina:
Y hay estábamos, escuchando hablar a Alex y Dimitry sobre esas dos mujeres. Aún recuerdo la sensación cálida que tenía al tener esa espada en mis manos. Podría ser mi madre, eso explicaría el color de la capa.
-Seré clara, o lo decís o me voy.-Me crucé de brazos, empezaba a cabrearme-.
-No podemos-Dijo Dimitry-.
-Pues entonces yo tampoco puedo seguir con vosotros.-Dije tajante y me marché de camino a la carretera, fuera del bosque-.
Los odio. ¿Cómo pueden decir que no lo pueden decir?, serán…
Al cabo de las horas de caminar y caminar para alejarme del bosque me encuentré con una cabaña a un lado de la carretera, yo sin pensármelo dos veces llamé, nadie contestó pero se veía luz dentro de la casa. Supongo que me veían que no tenía dinero y no querrían dejarme pasar ni que me quede gratis. Me di la vuelta y justo entonces a mi espalda oí una voz.
-Lo siento por no salir a recibirte antes, no pude, perdóname y quédate el tiempo que necesites.-Tenía una voz cálida y tranqulizadora-.
Me giré y tenía ante mí un chico de pelo corto y rubio, su pelo brillaba a la luz de las farolas…, espera, ¿farolas? Mierda, era de noche. Le miré los ojos y eran amarillos casi dorados, me quedé embobada mirándole. No podía creer lo guapo que era, miré a mí alrededor y comprobé que no había rastro de Alex, Dimitry, Ruth y Ariel. Asentí y los dos nos metimos dentro de la casa.
-Lo siento por el desorden, sé que no está todo como te gustaría que estuviera pero… Lo siento no he tenido tiempo con unas cosas que he tenido que hacer.-Estaba recogiendo todo, nervioso y tartamudeaba de vez en cuando-.
-No tranquilo,-le paré y le miré-de verdad no es necesario que hagas todo esto, es suficiente para mí.
-¿De verdad?-Me miró con algo de tristeza-.
-De verdad –sonreí y él me sonrió-.
-Soy Cole, encantado.-Me extendió la mano-.
-Yo Katherina, me llaman Kat -Se la estreché, tu tacto era tan cálido y más cómodo que el que me proporcionada Dimitry-.
-¿Quieres tomar algo?
-No, no gracias.
Nos sentamos los dos en el sofá con un silencio bastante incómodo. Por suerte un ruido rompió ese silencio, cuanto me alegraba. Los dos nos levantamos aun callados y fuimos al origen del ruido, en la segunda planta. Subimos y entramos en un cuarto, al instante tuvimos que cerrarlo de golpe, una luz rojiza inundaba todo el cuarto.
-¿Qué…qué era eso?-Dije más asustada de lo normal-.
-No lo sé,-me cogió de la mano sin darse cuenta y yo no sé la solté, me sentía tan bien a su lado…-
Empezamos a oír gritos de dolor y ruidos de rayos chocando contra objetos. Instintivamente abrimos la puerta y vimos lo que jamás un Dios del Olimpo se atrevería a reconocer. En el suelo se encontraba un hombre de unos 25 años, con el pelo pelirrojo casi castaño y corto, se levantó y nos miró con ojos de rojo fuego, su mirada penetraba de tal forma que te quemaba el cuerpo por dentro, ¡¡me quemaba el cuerpo!!. Miré su brazo y le caía un torrente de sangre dorada, ¿dorada?... Un momento, sangre dorada, ¡ Icor la sangre dorada de los Dioses ¡
-¿Qué hay renacuajos?-Nos revolvió el pelo y se sacudió un trozo de cristal del hombro y nos miró como si nada-.
Después de dejar de estar embobados Cole se decidió a hablar.
-Ust..usted..¿quién es?.-Preguntó tartamudeando-
-Siempre las mismas preguntas,-Suspiró y bajó las escaleras-
-EH,-salté yo todas las escaleras y la espada apareció en mis manos y se la puse en el cuello-¿no has escuchado la pregunta?-no sé cómo ni por qué ni de dónde había sacado el valor para hacer aquello y haberme enfrentado a aquel Dios-.
-Oh por el santo Olimpo, lo que me toca aguantar,-apartó la espada y se introdujo en la cocina-. Soy Hefesto, por si no lo habéis notado. Me han echado del Olimpo, en especial por culpa de tu madre y de tu padre.
Miré a Cole, ¿era semidios? Pero, ¿cómo no lo había notado?
-¿Mi padre?
-Si el estúpido dios bombilla y la listilla no han parado hasta que me han conseguido echar.
-¿Qué has hecho?
-Mm, nada, estaba todo el día tumbado en un sofá y…-Plaff, se tropezó con una alfombra y se pego tal castañazo contra el suelo que lo raro es que no le haya salido un moratón-.
-¿Y?-Cole y yo le ayudamos a levantarse-.
-Y sin quererlo quemé varios libros importantes de tu madre, rompí el arco de Apolo y unas cuantas más cosas con alguna que otra importancia. Zeus se cansó que estuviera todo el día sin hacer nada y con influencia de Atenea y Apolo, me echaron y por eso he caído aquí, y para terminar, Zeus, me lanzó una tormenta de bastantes rayos poderosos, de ahí mis heridas.-Cuando nos dimos cuenta se había hecho un bocata de chorizo-.
-Te lo mereces-contesté-
-Que encantadora, como tu maldita madre-Me sonrió con descaro-.
Le levanté la mano pero Cole me paró, me tranquilicé, si pegaba a un Dios del Olimpo ya sí que la terminaba por fastidiar.
-Cole, lo siento por destrozarte ese cuarto pero también es culpa del viejo cascarrabias. Está muy enfadado pensando que los semidioses vosotros podeís montar una conspiración contra él,-me miró con seriedad, nunca me lo imaginé viniendo de él-. ¿Es verdad?
-No, nosotros solo estamos reuniendo a todos.-Miré a Cole y entonces les expliqué a los dos todo nuestro plan o al menos el plan del que yo participaba antes-.
-Vaya, chicos listos, mi hijo no le encontrareis.
-¿Por qué?
-No sé ni yo dónde está, como para que vosotros lo sepáis, Katherina, ¿quieres ropa?
Asentí.
-Un momento, ¿cómo sabes su nombre?-Preguntó curioso Cole-.
-Es un Dios, se sabe el nombre de todos los hijos de todos los dioses, al menos de los importantes.-Contesté- Y sí, quiero ropa.
-Chica lista, cada vez me gusta más tu forma de ser, como tu madre pero a otro estilo.-Una luz surgió de sus manos y de ella una mochila, me la lanzó.- Hay tienes ropa nueva y mudas.
-Arriba, hay un baño por si quieres ducharte-Dijo Cole-.
-Sí -Miré a Cole-, muchas gracias, a los dos-Miré a Hefesto y él asintió complacido-.
Subí al baño, entré y cerré la puerta con cerrojo para asegurarme que ninguno de los dos entraba. Me desnudé y mientras esperaba que el agua saliese caliente, en el espejo de cuerpo entero, me miré y me vi un moratón que iba desde mi cintura hasta mi cadera y se extendía por toda la pierna. Me aterroricé, ¿cómo puedo tener un moratón semejante y no darme cuenta? Caí en la cuenta de la rivalidad de mi madre y Poseidon, cuando Dimitry me metió en la fuente para que me curase, sí, me curó Poseidon pero al ser hija de Atenea lo hizo aposta, me quitó mi estado paralizante por el rayo pero a cambio me dejó aquel moratón, que al andar no me dolía por eso no me había percatado antes de él. Si mi madre se enterará se montaría en el Olimpo. Comencé a ducharme con miedo, por si Poseidon podría hacerme algo.
Y entonces algo brilló en la pared húmeda, una luz azulada resultó de las gotas y se impregnó en la pared dando resultado a unas palabras que se iban escribiendo con una caligrafía y letra preciosa y antigua, sonreí al ver lo que decía el mensaje, sin poder evitarlo tenía esa estúpida sonrisa tonta que tanto odiaba.
“ Hola Hija de Atenea.
Supongo que ya habrás deducido qué o quién puedo ser, no, no Soy Dimitry, lo siento, pero me manda él, está preocupado por ti, dice que te echa de menos y que quiere volver a tenerte a su lado. Entre rezos me pidió que te lo llegase saber si sabía dónde estabas, no soy partidario de vuestra “relación” pero mi hijo me importa más que nada en este mundo. ¿Qué cómo sé dónde estás? Fácil, te noté que te metías en el agua. No pienses mal, no te veo, solo te siento. Como hagas daño a mi hijo lo pagarás caro, hija de Atenea. Piensa antes de hacer las cosas.
Supongo que ya habrás deducido qué o quién puedo ser, no, no Soy Dimitry, lo siento, pero me manda él, está preocupado por ti, dice que te echa de menos y que quiere volver a tenerte a su lado. Entre rezos me pidió que te lo llegase saber si sabía dónde estabas, no soy partidario de vuestra “relación” pero mi hijo me importa más que nada en este mundo. ¿Qué cómo sé dónde estás? Fácil, te noté que te metías en el agua. No pienses mal, no te veo, solo te siento. Como hagas daño a mi hijo lo pagarás caro, hija de Atenea. Piensa antes de hacer las cosas.
Gratos saludos desde el Olimpo.
Poseidon. ”
El mensaje desapareció. ¿Dimitry lo pasaba mal? Pero… estoy hecha un lío, yo no quiero que me quiera, no, no.
Terminé de ducharme y saqué la ropa que había en la mochila que me había dado Hefesto, era una camiseta negra de tirantes y unos pantalones cortos negros, todo negro, genial, sabe mis gustos, luego divisé como había también zapatos, unas converse negras con el dibujo de un búho en ellas. Claro cómo no, el signo de mi madre.
Bajé y vi como Cole, hijo de Apolo, ahora entendía el color de sus ojos, curaba a Hefesto, dios del fuego y de la forja.
-Te sienta de lujo, Kat –Me guiñó un ojo Cole-.
-Gracias-Me sonrojé-.
-¿Qué tal si lucháis contra mí y veo como andáis de entrenamiento?-Nos preguntó Hefesto-.
Los dos asentimos y Cole fue el primero en combatir contra él, le mandaba mandobles y ataques bastante estratégicos con su espada pero Hefesto los esquivaba todos sin problema. La verdad que Hefesto te caía bien cuando le conocías, era bueno, no hacía mucho daño a Cole y la verdad que solo hacia corregirle las cosas que hacía mal.
Estuve horas observando cómo luchaban entre ellos, siempre ganaba Hefesto pero Cole no se rendía. Por fin Cole cayó al suelo abatido y exhausto.
-Vale, ya basta por hoy. -Hefesto ayudó a Cole a levantarse y me miró-.Tienes suerte de que hoy no te pegue la paliza, es de noche y será mejor que descansemos, mañana entrenaremos más y entonces iremos a la búsqueda de los demás semidioses restantes.
Los tres nos tumbamos en un cuarto con camas que había en la casa de Cole y caímos dormidos enseguida, es increíble como un Dios puede dormir enseguida sin estar apenas cansado.
Estaba soñando con que yo estaba en mi instituto y todo iba genial, me lo pasaba genial. Hasta que el sueño cambió y se trasladó a un bosque de hojas multicolores y árboles de tronco claro, miré al frente y divisé un cuerpo ante mí, se fue acercando y vi su aspecto, era Dimitry. Tenía heridas por todas partes, quería ayudarle pero algo me mantenía enganchada en el suelo, Dimitry cayó desplomado al suelo, gimiendo de dolor, gritando y suplicando que le ayudase. No podía moverme, entonces mi cuerpo empezó a sufrir de dolor también. Caí al suelo y preferí no haber nacido. Todo me dolía, la cabeza parecía que me iba a explotar, las piernas y los brazos se me estiraban como si intentasen romperme y mi corazón latía tan rápido que estaba a punto de salirme de mi pecho. Cuando el dolor cesó, Dimitry y yo estábamos en el suelo, sin poder movernos, tan débiles y vulnerables que cualquiera nos podría hacer algo. Yo le miraba y él me miraba, los dos llorábamos sin consuelo, en parte del dolor y también asustados.
-Mira lo que tenemos aquí, los dos críos que han intentado vencerme ahora necesitan ayuda, y yo no se la voy a dar.-Esa voz procedía de un hombre que no conseguí ver su rostro bien-.
Se acercó más y entonces vi sus ojos rojos llenos de odio y de sufrimiento, su pelo era castaño y corto, aparentaba unos 24 años, como Hefesto. Era guapo y tenía buen cuerpo, le mirabas y es como si solo se dedicase a una cosa, luchar.
Alguien me zarandeó y abrí los ojos de golpe, me encontré con que estaba en el suelo y Cole a mí lado. Yo tenía los ojos llenos de lágrimas y estaba completamente llena de sudor. Cole me abrazó y me susurró cosas tranquilizantes y cálidas al oído. Me cogió en brazos y me tumbó en la cama.
-Tranquila, duérmete anda, mañana nos espera un largo día y es mejor que pases de las pesadillas.-Me dijo-
-Vale, gracias.-Y entonces me dio un beso en la mejilla derecha , se volvió a tumbar.-
Por los dioses, ¿qué me pasaba? Mi cuerpo estaba nervioso y inquieto por el beso de Cole y por la cara de dolor de Dimitry. No puedo pensar en tantas cosas, tengo que distraerme. Sin saber por qué me decanté por el beso en la mejilla de Cole, cada vez que lo pensaba me ponía aun más nerviosa y me daban ganas de irme a su cama y hablar con él. Pero no, no puedo pensar en el amor justo ahora. No es lo lógico, mi madre no lo hubiera querido así. Pensé en la pesadilla y recordé las estatuas del museo que vi con Dimitry Ruth y Alex, en Atenas. ¿Qué habrá pasado con ellos? No lo sé y ni me importa. Ya no me importaban, estaba harta de tantas cosas ocultas y sin contar, yo quería lo que estoy haciendo ahora. Seguí analizando en mi mente cada estatua y me fije en la que tenía la mirada con odio y tenía el cuerpo que te indicaba a pensar que solo se dedicaba a una cosa. Ya sabía quién era aquel hombre de ojos rojos.
Ares.
Escrito Por: Dyslar

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